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Pintura al óleo del interior de un puesto, con un puestero viejo junto a la estufa a leña, mate en mano, hablándole a un hombre más joven

Lo que sabe un campo vive en la cabeza de alguien.

Dónde se anega, qué cuadro aguanta el invierno, cuánto cobra la comparsa. Qué conviene dejar escrito antes de que cambie el encargado, y cómo hacerlo sin sentarse a escribir.

12 de octubre de 2026 (3 min de lectura)

En corto

Lo que hace funcionar un campo casi nunca está escrito. Vive en la memoria del dueño, del encargado o del puestero, y se pierde cuando esa persona no está. Conviene dejarlo registrado de a poco, cuando aparece en la conversación, con su fecha y el campo al que se refiere, y revisarlo cuando cambia.

Todo campo tiene un saber que no figura en ninguna planilla. El bajo que se anega todos los julios, el cuadro que aguanta el invierno, el molino que hay que mirar después de una helada, el precio que se arregló con la comparsa. Ese saber funciona mientras la persona que lo tiene está. Cuando se va el encargado, se jubila el puestero o el campo pasa a otra generación, se va con ellos.

Qué conviene dejar escrito

No hace falta escribir un manual. Alcanza con empezar por lo que más se repite y lo que más cuesta aprender de nuevo.

  • El agua. Dónde se anega, qué aguadas se secan primero, qué molino falla.
  • Los cuadros. Cuál aguanta el invierno, cuál se usa para la parición, cuál tiene mata negra o se vuela.
  • La gente. Quién es el encargado desde cuándo, qué comparsa viene y cómo cobra, a quién se le vende la lana.
  • Los arreglos. El precio por lata de la comparsa, las condiciones del comprador, el veterinario de confianza.
  • Las costumbres. Cuándo se encierra, en qué orden se esquila, dónde pasan el invierno las borregas.

Cómo dejarlo escrito sin sentarse a escribir

Nadie se sienta un domingo a escribir lo que sabe. Lo que funciona es registrarlo cuando aparece, en una charla, al pasar. «La comparsa de Ramírez cobra 4.200 la lata.» «El carnero cuenta dos latas.» Cada cosa con su fecha y el campo al que se refiere, para saber después si sigue valiendo.

Lo que KONDOR sabe de su campo, con la fecha en que se lo contó, y cómo se corrige.

Para que sirva, tiene que usarse

Un saber guardado en una carpeta que nadie abre no sirve. Lo útil es que aparezca cuando hace falta. Si un día contó cuánto cobra la comparsa por lata, y en noviembre pregunta cuánto va a pagar en la esquila, la cuenta tendría que salir con ese precio y con los carneros contados doble, sin que tenga que repetirlo.

Y como todo envejece, lo guardado tiene que poder corregirse. Un precio que cambió, un encargado nuevo, un cuadro que ya no se usa.

Si lleva su campo en KONDOR, cuénteselo a KONDOR como se lo contaría a quien viene después. Lo guarda con su fecha, lo usa al contestarle y usted ve todo lo que sabe, y lo corrige o lo borra cuando quiera. Empiece por una cosa de su campo que hoy sólo sabe usted.

Escrita por Mateo Pautasso Cavanagh, fundador de KONDOR.